La pandemia agudizó vulnerabilidades en barrios populares: la tarea sin pausa de TECHO
Unas 60 mil familias de esta región recibieron alimentos y elementos de higiene durante los meses de pandemia y cuarentena. "En pandemia se visibilizó mucho más la desigualdad social y la pobreza", afirma Antonella Cracogna.
El impacto de la pandemia de coronavirus en los barrios populares se tradujo en mayores necesidades alimentarias, en la profundización de dificultades de acceso al agua y más al agua potable, y en la mella que resulta para la mayoría de niños, niñas y adolescentes no haber podido acceder al sistema educativo producto de las propias carencias que impiden el acceso a la tecnología. Frente a ese escenario, la acción de voluntarios y voluntarias de TECHO estuvo siempre presente, con estrategias que hicieron posible seguir en contacto con vecinos del territorio donde se plasma desde hace años la actividad de la organización.

La directora de la Sede Corrientes-Chaco de TECHO, Antonella Cracogna, repasó todas las contingencias que impuso la pandemia a la actividad en esta región, y reflexionó sobre las consecuencias en las barriadas populares, a partir de su propia experiencia y sentir.
El territorio donde actúa la organización se compone, en Resistencia, por los barrios Los Aromitos y 2 de Septiembre; y en Corrientes capital por los barrios La Tosquera, Molina Punta y Punta Taitalo.
Con la acción de la campaña de donaciones, TECHO logró asistir con alimentos y elementos de higiene y limpieza a unas 60 mil familias durante estos meses en esos barrios de ambas capitales, ya que la emergencia alimentaria fue identificada como el problema central.

"Me moviliza la desigualdad y la falta de oportunidades que hay en los barrios populares", graficó la joven directora en diálogo con NORTE, al dar cuenta de las motivaciones del voluntariado. "Desde que empecé con TECHO, reafirmé los juicios que la sociedad tiene internalizados y que existen sobre la situación de la pobreza, como que en los barrios populares la gente vive porque quiere o el que es pobre lo es porque quiere", trazó.
"Participando en TECHO, comprendí mucho más que todos esos juicios no son así", aseguró y resaltó: "La pobreza estructural genera falta de oportunidades, y eso me moviliza a querer trabajar desde un lugar donde tengo la oportunidad y, por ende, la responsabilidad de poder cambiar esa situación".
Antonella se sumó a TECHO en 2017. "Este año, la falta de presencialidad en el territorio nos impactó, porque lo que más motiva al voluntario es el contacto con el territorio, es ver la realidad, trabajar codo a codo con los vecinos", sostuvo y alertó: "A partir de esta pandemia se visibilizó mucho más la desigualdad social y la pobreza. Por eso, los voluntarios sintieron más responsabilidad de tener que hacer algo para cambiar esa situación".
El equipo de voluntarios
En la sede Corrientes-Chaco de TECHO trabaja un equipo fijo de unos 30 voluntarios y voluntarias. Pero para las construcciones de viviendas de emergencia, se hacen convocatorias especiales y se suman más personas. "Este año, cuando pudimos retomar el territorio, transformamos la metodología de las construcciones por los protocolos. Siempre que vamos a construir, nos instalamos en alguna escuela del barrio y convivimos, algo que no fue posible en este 2020", contó.
Con los protocolos vigentes, los voluntarios que se convocaron para las construcciones desarrolladas en el último tiempo en Corrientes fueron unos 55 y en Resistencia, el fin de semana pasado, hubo una cantidad similar.




Mientras continúan en desarrollo proyectos en Molina Punta (ampliación del espacio comunitario) y La Tosquera (limpieza del barrio), un tema que preocupa y aqueja es el dengue. "En marzo-abril nos comunicamos con los vecinos, que estaban más preocupados por el dengue que por el Covid-19. Por el dengue es por lo que más vulnerabilidad existe y lo que más inquieta ahora que vuelven las altas temperaturas", indicó.
Cronología de nueve meses difíciles
En el repaso del año, la directora de la sede Corrientes-Chaco recordó que el 12 de marzo la organización, mediante un comunicado, anunció la suspensión de actividades territoriales, de oficina y de voluntariado. “En ese entonces, todos pensábamos que serían sólo 14 días y luego volveríamos”, mencionó.
Aquella decisión incluyó también la suspensión de las construcciones de viviendas de emergencia, que son un sello de la organización, prevista en distintos puntos del país para aquellos días de marzo.
“Veníamos planificando una construcción para abril, en Resistencia, y tuvimos que suspenderla”, repasó. Los motivos fueron los que TECHO dio a nivel general sobre la priorización del cuidado y de la salud de las personas, el respeto por las medidas oficiales del gobierno nacional y el entendimiento de que la vulnerabilidad de los barrios populares podría agravarse si el virus penetraba en esos lugares.
“No queríamos ser nosotros los responsables de llevar el virus al barrio y por eso es que suspendimos las actividades territoriales, pensando mucho en la comunidad y entendiendo la vulnerabilidad que existe”, resaltó Cracogna.
La emergencia alimentaria
En mayo, cuando advirtieron que el escenario de pandemia y las medidas de restricción se extenderían, voluntarios y voluntarias comenzaron a analizar “cómo transformar la actividad en el territorio”, atendiendo las principales demandas y necesidades. Así surgió que lo más urgente era la emergencia alimentaria.



“Siempre tratamos de seguir en comunicación con los vecinos en forma virtual. Varias veces cargamos crédito a los celulares de los referentes de las mesas de trabajo, para poder comunicarnos y charlar sobre lo que más les preocupaba en el barrio. Desde el principio lo central fue la emergencia alimentaria”, expuso la joven directora.
Según explicó, la necesidad de alimentos surge porque, en los barrios populares, el trabajo informal representa el 90% de la situación laboral, y justamente fue lo que más se redujo durante la pandemia, producto de la imposibilidad de continuar con “changas” y otras tareas que habitualmente eran sustento de los vecinos.

También la emergencia alimentaria –continuó Cracogna- tuvo como fundamento que los chicos dejaron de ir a la escuela, donde diariamente recibían al menos una comida. “Si bien algunos colegios siguieron funcionando con ollas comunitarias y entrega de alimentos, los vecinos empezaron a alertar sobre este tema y a organizarse para hacer sus propias ollas populares”, comentó. Fue así como desde TECHO decidieron empezar a asistir la emergencia alimentaria.
“En abril, empezamos a juntar donaciones económicas destinadas a la compra de insumos de higiene, limpieza y alimentos para destinar a comedores y merenderos de los barrios”, precisó, y marcó que las donaciones incluso llegaron a otros barrios fuera del radio de acción de TECHO en el Chaco.
La acción para atender la emergencia alimentaria iniciada en abril se mantiene hasta el momento: “Pensamos seguir haciéndolo el año que viene”, confirmó Cracogna, resaltando que se trata de donaciones que la organización recibe en efectivo de los donantes, y luego se utilizan para la compra de los insumos mencionados.
La directora de la sede regional confirmó que son unas 60 mil familias las que recibieron ayuda a través de las donaciones. Mientras que son unos 15 comedores y merenderos de esta zona Chaco-Corrientes los asistidos con alimentos y productos de higiene y limpieza.
El regreso al territorio
Durante junio, cuando las restricciones comenzaron a flexibilizarse en algunas provincias en virtud de los indicadores epidemiológicos, TECHO adaptó sus protocolos de regreso a la comunidad y a la oficina. “En nuestra sede, a fines de junio, retomamos la actividad en la oficina; en julio retomamos el territorio en Corrientes, y en septiembre en Resistencia. Debíamos cumplir con ciertos requisitos y adaptarnos a las medidas locales de gobierno, en etapa de distanciamiento social (DISPO)”, reveló.

“Desde que retomamos los barrios en Corrientes y en Resistencia, el foco estuvo puesto en revisar las problemáticas que ahora aquejaban más a la comunidad, que se transformaron por la pandemia”, indicó. También se enfocaron en las construcciones de viviendas que habían quedado pendientes. Así, en agosto levantaron 12 viviendas de emergencia en La Tosquera y Punta Taitalo (Corrientes), y el fin de semana pasado hicieron lo propio con 9 viviendas en Los Aromitos (Resistencia), una construcción que estaba planificada para abril y debió ser postergada.
Proyectos comunitarios de gran valor

El retorno a la actividad en el territorio permitió a los voluntarios volver sobre los proyectos comunitarios que forman parte de la acción de TECHO.
“En cada barrio hay un espacio de gestión que es la Mesa de Trabajo. Por ejemplo, en Los Aromitos surgió un proyecto de veredas, para trabajarlo con una cooperativa. Así se construyeron 600 metros de veredas”, contó Cracogna.
Fue precisamente Los Aromitos, en Resistencia, el barrio con el que la organización aplicó para el convenio entre el BID y la Secretaria de Integración Sociourbana del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación.
Ese convenio se sustenta en un proyecto para la mitigación del COVID19, por el cual el banco baja fondos a través del Ministerio, para iniciativas que apunten a fortalecer la higiene en los barrios populares. “La Nación lo articula con organizaciones sociales, que son las que bajan el proyecto al territorio”, precisó.

En el país están incluidos en la iniciativa con el BID 263 barrios y en esta sede de TECHO, fue elegido por la organización el barrio Los Aromitos, dadas sus características de alta vulnerabilidad. “Como TECHO tuvimos en todo el país 15 proyectos elegidos”, señaló.
Explicó que los fondos se aplican a proyectos para garantizar el acceso al agua, que involucran la construcción de una posta sanitaria en el barrio, para la higiene. Para ello, se realiza una perforación, con un tanque y una bomba, y se coloca una máquina potabilizadora.
“Vemos que el agua es un gran problema en el barrio, porque al tener conexiones informales, la presión es muy baja. Y una perforación en un barrio de no tantas familias, puede ser una fuente de agua comunitaria”, valoró, y recordó que el proyecto incluye la asistencia con kits de higiene para todas las familias residentes.
El problema de acceso al agua
Cracogna destacó como un tema preocupante y prioritario el acceso al agua, y sobre todo al agua potable. “Hay familias que ni siquiera tienen una conexión informal, porque las conexiones en los barrios populares son por lo general irregulares”, describió.
“El fin de semana pasado estuvimos construyendo (en Los Aromitos), y mientras estábamos trabajando el barrio se quedó sin agua a las 9 de la mañana, con 40 grados de temperatura. No hay agua ni para tomar, ni para lavarse las manos. Eso buscamos visibilizar cuando hablamos de las problemáticas de los barrios populares”, relató la directora.
La educación
Otra problemática aguda en los barrios populares es el acceso a internet. “Muy pocos de los chicos escolarizados pudieron continuar recibiendo educación porque no sólo no cuentan con el acceso a internet porque no llega la red, sino que, en una casa con cinco chicos que van a la escuela, hay un solo celular con el que todos deben hacer la tarea”, reflejó, y aseguró que en esas barriadas hay muchos niños y niñas que durante todo el año no pudieron acceder a la enseñanza.
Menos ingresos

Otro impacto fue el económico. “A la economía popular informal fue a la que más afectó el cese de todas las actividades. Si bien muchas familias pudieron acceder al IFE, otras tantas no”, señaló. Asimismo, reveló que los barrios populares recibieron más habitantes y crecieron, ya que personas de clase media baja llegaron a esos lugares porque no pudieron seguir pagando alquileres.
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